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Puede parecer increíble, pero hay estudios que demuestran que relacionamos ciertos sonidos con sabores dulces, salados, amargos o incluso picantes. La música no tiene sabor, pero el cerebro asocia algunas frecuencias, ritmos e instrumentos con el sentido del gusto. ¿Entonces por qué no utilizamos la música para potenciar los sabores de nuestros platos? En este post te explicamos qué es la gastrofísica, y algunos trucos para aprovecharlo a favor de tu negocio.

¿Qué es la gastrofísica o Sonic seasoning?
Empecemos por un ejemplo práctico: coge dos onzas de la misma tableta de chocolate; la primera onza tómatela escuchando la canción de ‘Bury a friend’ de Billie Eilish y la otra, con la de ‘Golden hour’ de JVKE; te darás cuenta de que con la primera el sabor es más amargo e intenso, y con la segunda un poco más dulce. Otro ejemplo: cuando ves esta foto de pasta, ¿qué tipo de música te imaginas que está sonando? ¿Guitarras eléctricas o un piano?
“Condimentar” un plato con música se conoce científicamente como gastrofísica o sonoridad sápida (en inglés sonic seasoning). Está probado que, cuando ingerimos un alimento, nuestro oído modifica o matiza la percepción de esa comida. Riccardo Migliavada, un investigador en Psicología alimentaria de la Universidad de Pollenzo, explicó en una charla que nuestra percepción es multimodal; esto significa que nuestro cerebro no analiza de manera aislada el sabor, sino que mezclamos la información que recibimos de todos nuestros sentidos (además de con recuerdos, expectativas y emociones).
Fíjate: hubo un experimento en el que se le dio a un grupo de personas unas patatas fritas y unos cascos. Por los cascos los investigadores emitían frecuencias modificando dos cosas: el volumen del crujido y las frecuencias altas. El resultado fue que, cuando se reducía el sonido y eliminaban las frecuencias altas, las mismas patatas parecían más blandas y rancias.
Y dirás: ¿qué tiene que ver esto con la hostelería? Pues mucho, porque ambientar la sala de un restaurante o de una cafetería con una música u otra puede tener un impacto decisivo en cómo perciben los platos nuestros clientes. Es más, el ritmo de esas melodías y el volumen también pueden alterar su percepción.

¿Qué música es más útil para “condimentar” tus platos? El ingrediente que no está en la carta
En 2024 se hizo un estudio en el que diferentes personas probaron alimentos con diferentes tipos de música. Dependiendo de la música, unos alimentos les parecieron ligeramente más dulces y gustaron más que otros. De manera general, te contamos la conclusión a la que se llegó:
- Sonidos para potenciar el dulzor: Tonos altos, agudos, pianos de notas altas y ritmos fluidos. Ejemplo: canciones de pop acústicas o melodías de piano ligero.
- Para potenciar el amargor: Tonos graves, notas bajas de piano, instrumentos de viento metal (trombón, tuba) y ritmos lentos. Ejemplo: jazz pesado o música clásica con violonchelos.
- Para potenciar la acidez: Notas muy altas, sonidos punzantes y tempos rápidos. Ejemplo: música electrónica rítmica o un solo de violín agudo.
- Para potenciar el umami o lo salado: Notas bajas continuas pero distorsionadas, guitarras eléctricas o sintetizadores. Ejemplo: rock alternativo o música ambiental profunda.

Tres aspectos del ambiente que también influyen en el sabor
Por un lado, el volumen alto adormece el gusto y puede alterar la percepción de la cantidad de comida que se toma. Es más, hay que tener mucho cuidado porque, si un pub pone heavy muy alto, probablemente el consumo de alcohol se dispare entre los clientes. Con la comida pasa igual, la música con un volumen muy fuerte hará que comas más rápido y no percibas bien la sal ni el dulzor: ¡todo te sabrá soso!
Por otro lado, el origen cultural de la música que escuchas está relacionada con el tipo de comida que esperas adquirir en un establecimiento. De alguna forma, la música conseguirá que el plato sepa «más auténtico».
Y, si ya este artículo te estaba pareciendo raro, esto ya va a ser el remate: ¡la pronunciación del nombre de los platos también influye en su sabor! Es como si, de alguna manera, el sonido del nombre anticipara algunos atributos gustativos de la comida que vamos a tomar. Aquí puedes consultar un estudio donde se explica en profundidad.

La música, el ingrediente secreto para una experiencia gastronómica perfecta
Como ves, la música puede convertirse en un ingrediente más de la experiencia gastronómica, capaz no solo de crear ambiente, sino también de influir en cómo percibimos los sabores.
Sin duda, esta relación entre oído y gusto abre nuevas posibilidades para la hostelería: diseñar paisajes sonoros diferentes para el desayuno, la comida o la cena; acompañar momentos concretos del menú para intensificar los matices gustativos de los platos; o estudiar cómo el volumen, el ritmo y el estilo musical influyen en el tiempo de permanencia y el nivel de satisfacción de los comensales.
Ahora más que nunca, elegir qué suena en un restaurante (o incluso optar por el silencio) puede convertirse en una decisión estratégica.
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